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¿Oro negro?

ENTRE REINAS Y PODERES POR LAISHA WILKINS

Publicado el

Por: Laisha Wilkins

CIUDAD DE MÉXICO.- No se puede negar la importancia histórica que ha tenido Pemex para la vida del país, por años, aportó recursos que fueron utilizados para la construcción de infraestructura, mantener programas sociales, salud, cultura o educación, pero lleva años que se ha convertido en un problema que parece que nadie puede o quiere resolver.

La actual administración utilizó a la paraestatal como una de sus banderas, el rescate de Pemex, la autosuficiencia energética, la soberanía en combustibles, el nacionalismo de los recursos. Generó frases pegajosas como “no vender naranjas y comprar jugo de naranja” para crear la idea de que todo lo que se extrae se procese aquí y de esta manera se sustituyan importaciones, asegurando así que sin importar los tiempos que corran en el mundo, México tendría cómo moverse o aquella de “no tiene ninguna ciencia”, refiriéndose a la fácil extracción de crudo. Pero 5 años después, la empresa que prometieron sería “palanca del desarrollo”, se aleja cada vez más de ese sueño y se acerca más a ser la pesadilla de las próximas administraciones.

En julio de 2018, ya siendo presidente electo, Andrés Manuel López Obrador prometió que para 2023 se estarían extrayendo 2.6 millones de barrilles, diciendo que la reforma energética de 2013 fue un gran engaño pues logró llegar apenas a 1.8 millones de barriles, estamos en 2024 y Pemex ha logrado llegar a su volumen de extracción de crudo más bajo de los últimos 45 años, 1.5 millones de barriles al día. Esto pone a México como el productor número 13 del mundo, aportando sólo el 2% de la producción mundial.

Se dijo que se iban a detener las exportaciones, porque todo sería procesado dentro del país, pero esto no ha pasado, de hecho, se sigue exportando más de la mitad de lo que se extrae, el 55%. Esto tiene sentido, porque todo el sistema de refinación ha ido perdiendo eficiencia con el paso de los años, ubicándose actualmente en el 48%, empeorando lo logrado en el 2022, no sólo eso, el único producto que ha tenido aumento de producción, es el combustóleo, el hidrocarburo más contaminante y que es prácticamente un desecho, generado al querer aumentar la salida de gasolinas y diésel, sin tener la tecnología ni la materia prima para hacerlo eficientemente en el sistema de refinación nacional, esto lleva a que “el jugo de naranja” que producimos, nos sale más caro que las naranjas que cortamos, para seguir con la analogía que maneja la actual administración, es decir, por cada barril de combustibles que se producen, se pierde dinero.

Si algo sabemos todos los mexicanos, es que Pemex es la petrolera más endeudada del mundo, llegando sus pasivos a superar en casi dos veces sus activos, o sea, si Pemex vendiera todas las instalaciones que posee, aún así quedaría debiendo la mitad. La deuda este año equivale al 5.6% del PIB, 1.8 billones de pesos y no es porque no lo hayan intentado, el gobierno le ha transferido hasta el momento 1.7 billones de pesos, sea vía aportaciones, absorción de deuda, inversión en instalaciones y la más importante, cobrándole menos impuestos, pues de 65% que pagaban en 2018, por derecho de utilidad compartida, este año se redujo al 30%, mucho menos de lo que pagan las empresas privadas que tienen licitaciones en la industria petrolera en nuestro país.

Un síntoma claro de la desconexión que hay con la realidad que afronta la empresa, es la continua contratación de personal, este año llegará a 117 mil personas, 5 mil más que en el año 2023, con menor producción y menor eficiencia, ¿cuál es la justificación?, ¿por qué aumentar el pasivo laboral, siendo ya la tercera parte del total de la deuda?, no me queda claro, ninguna empresa que puede producir cada vez menos, contrata gente, al contrario, y así era hasta 2017, donde se tenía un plan para reducir la plantilla, ya que el sindicato de la petrolera es de los más caros que hay, claro, también de los más fuertes, y ponerse contra ellos es perder votos, algo que en estos tiempos es impensable.

No podemos olvidar los daños ambientales que representa la operación diaria de esta empresa, en este sexenio hemos tenido de todo, desde explosiones, derrames, hasta fugas del peligrosísimo gas metano, uno de los peores contaminantes y que más contribuye al efecto invernadero, aceptadas por Pemex y justificadas por la falta de mantenimiento a equipos vitales.

Según un reciente análisis del Centro de Investigación Presupuestaria, la Paraestatal dejó de aportar al erario en este sexenio. Ya que para el final de este periodo presidencial se habrían aportado recursos por 1.8 billones de pesos, contra exactamente la misma cantidad pagada por Pemex a México. Para darnos una idea, mantener la deuda y la operación de esta empresa le cuesta a todos lo mexicanos $629 millones de pesos cada día, ¿qué se podría hacer con ese dinero?, ¿medicinas?, ¿invertir en investigación o educación?, cada uno podría imaginar una propuesta, sin duda alguna.

Este es un tema espinoso y que requiere atención rápida para que no comprometa más, el futuro del país. Se han planteado alternativas durante estas campañas, desde la continuidad por el mismo camino, el cierre de las refinerías más caras y contaminantes o la combinación con otras fuentes de energía para darle algo de futuro. Lo cierto es que el panorama pinta gris, entre que la humanidad quiere alejarse de los hidrocarburos y la constante baja de extracción, el mantener una empresa tan grande y cara, no parece un plan viable.

Deberemos estar atentos a todo lo que se diga y en su momento se haga, no somos un país que pueda darse el lujo de tirar más dinero, sabiendo la inmensa cantidad de retos que tenemos en otras áreas.

Gracias por verme, nos vemos aquí la próxima semana en Entre reinas y poderes por Posta.mx

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